La Música como medicina

A través del tiempo y en todas las culturas, la música y el sonido han sido una parte integral de las ceremonias y los rituales, y han desempeñado un papel significativo en la sanación de la humanidad. En toda cosmología y mitología, el sonido es un vínculo importante, la onda portadora entre el mundo espiritual y la gente de la Tierra.

En la antigua Grecia, Apolo era a la vez el dios de la música y de la medicina. Para los antiguos griegos "La música es un arte impregnado de poder para penetrar en lo más profundo del alma." En las escuelas de Egipto y Grecia, la curación y el sonido se consideraban una ciencia sagrada altamente desarrollada.

Hoy en día, la música y el sonido continúan siendo herramientas importantes para la curación. Cada vez más, las prácticas de curación que utilizan el sonido y la música, antes sólo validados sólo datos personalizados o anecdóticos, están siendo confirmados por resultados de una amplia variedad de estudios científicos. Los nuevos hallazgos sugieren que la música puede estimular procesos cognitivos, afectivos, sensoriales y motores complejos en el cerebro, cuyas funciones pueden ser generalizadas y transferidas a fines terapéuticos.

¿Cómo procesa la música el cerebro?

Según los científicos, nada cautiva más al cerebro que la música. En el pasado, se creía que el cerebro tenía una especie de “centro musical”. Nuevas investigaciones sugieren todo lo contrario. Se ha descubierto que la música, así como el lenguaje, estimula muchas áreas del cerebro involucradas en otros tipos de pensamiento.

Durante muchos años, el hemisferio derecho fue considerado como la sede de apreciación musical pero los escáneres cerebrales de personas que escuchan música demuestran que la percepción es creada por la interacción de la actividad en ambos lados del cerebro. Estudios recientes sobre psico-inmunología revelan que las fibras nerviosas contenidas en todos los órganos del sistema inmunitario proporcionan comunicación biológica entre las terminaciones y el sistema inmune. Esto sugiere que hay una relación directa entre una persona y sus pensamientos, actitudes, percepciones y emociones y la salud de su sistema inmunológico. Utilizar la música con fines terapéuticos es una de las principales formas de promover la auto-sanación.

La música y el ritmo pueden calmar la charla constante del lado izquierdo del cerebro. Un fuerte sonido repetitivo envía una señal constante a la corteza cerebral, enmascarando las señales provenientes de otros sentidos como la vista, el tacto y el olfato. Cuando la entrada sensorial disminuye, el lado izquierdo del cerebro, con sus intensas conversaciones internas, análisis y juicios lógicos disminuye a sólo un murmullo, estimulando así las partes más profundas del cerebro, asiento de los símbolos, las visualización y las emociones.

La música como medicina

La música entra en el cuerpo a través del oído. Los huesos actúan como un instrumento de afinación que estimula los campos neurológicos del cuerpo. La música es un medio por el cual todas las personas pueden sentir estas vibraciones curativas. Incluso personas con discapacidades profundas pueden beneficiarse de los efectos curativos de la música. La investigación en las respuestas fisiológicas a la música apoya la hipótesis de que escuchar música influye en las respuestas autónomas de las personas. La ciencia ha demostrado que la música centrada en los registros más altos (notas agudas) aumenta la tensión. Por otro lado, la música reproducida en registros más bajos (notas graves) reduce la tensión. La música que se reproduce a un ritmo de 80-90 pulsaciones por minuto aumenta la tensión, mientras que la música reproducida a 40-60 pulsaciones por minuto disminuye la tensión. Cuando la música se utiliza como fines terapéuticos, afecta directamente la salud del paciente.

Otro de los beneficios curativos de la música es que nos ayuda a despertar las emociones y los sentimientos: nos ayuda a lidiar con el dolor, la tristeza, la ira u otros sentimientos negativos. Cuando nos permitimos experimentar a fondo los sentimientos, la intensidad de los mismos disminuye con el tiempo y logran disiparse, lo que resulta en la curación. Cuando evitamos nuestros sentimientos (consciente o inconscientemente) estos tienden a acumularse en nuestro interior. No desaparecen. La música, el ritmo y los sonido son herramientas maravillosas de sanación.

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